Somos hijas, hijos e hijes de la Madre Tierra. Ante la catástrofe climática y civilizatoria que amenaza con consumir todo lo que está vivo en el planeta, nos organizamos para hacerle frente al exterminio. Milpamérica existe porque resiste.

Primera

PRIMERA – Somos Milpamérica, un territorio que existe mucho antes que las fronteras. Aquí vivimos las personas del maíz de todos los colores, del ayote, del izote y el frijol, del tomate, el chile, el loroco, el chipilín, el pataxte, el cacao, el aguacate, el amaranto, los zapotes, las anonas, jocotes, nances, quelites, yuca y miel; somos los territorios más biodiversos de esta región del planeta. 

Somos Afroindígenas, Garífunas, Lencas, Nawats, Kaqchikel, K’iche’, Q’eqchi’, Chortí, Xinka, Ayuujk, Biinnizá, Nahuas, Ch’oles, Ñuu Savi, Mayas Peninsulares, Kiliwa, Cucapá, Acolhua, Tzeltal, Tzotzil, Hñatho, Amuzga, Purépecha, Popoluca, Zoque, Diásporas urbanas y más de las 40 naciones indígenas que hoy defienden sus territorios. 

Somos una historia de 500 años de resistencia frente al despojo. Nuestras abuelas fueron violadas por la colonización, nuestros abuelos fueron esclavizados por el racismo. Nos duelen en cada célula del cuerpo – territorio – espíritu los trenes que atropellan las selvas, mineras que parten los cerros, las petroleras que incendian el mar, hidroeléctricas que apresan los ríos, los corredores interoceánicos que abren grietas en la península, eólicas que dejan estéril la tierra, monocultivos que taladran bosques, megaproyectos que secan los lagos, ciudades que devoran pueblos enteros, religiones que satanizan nuestra espiritualidad, fronteras que cercenan la tierra con alambres de púas, Estados Nación que erradican la diversidad, corporaciones que nos exterminan, militares y paramilitares que invaden el territorio. Este, nuestro dolor, es la última advertencia.

La Madre Tierra tiene une fiebre incontrolable…

La Madre Tierra tiene una fiebre incontrolable. Los síntomas son las sequías prolongadas, las hambrunas, temporadas de inundaciones, desplazamientos forzados, se queman nuestros bosques, se extinguen masivamente los animales, se acidifica el mar. Pero esta no es la enfermedad. 

  1. Escuchamos que los científicos en la ONU han declarado una emergencia climática y en sus informes nombran la influencia humana en esta fiebre. Aclaramos que el 92% de la responsabilidad histórica recae en los países ricos, el 1% de los más ricos contamina más que la mitad empobrecida del planeta e insisten en un crecimiento económico infinito en un planeta finito. La responsabilidad es proporcional a los privilegios.
  2. Escuchamos que las grandes corporaciones refresqueras, bancarias, automotrices, petroleras, inmobiliarias, mineras, agroindustrias y sus gobiernos extractivos, quieren solucionar el terricidio causado por el capitalismo con acuerdos incumplidos de desarrollo sustentable y grandes fondos de lavado verde, mientras que 100 empresas son responsables del 70% de las emisiones contaminantes. Aclaramos que nuestras vidas y territorios no tienen precio, la única responsabilidad que tienen Estados y corporaciones es detener inmediatamente su guerra contra la Madre Tierra y nuestros pueblos. El dinero no resuelve problemas del capitalismo.
  3. Escuchamos que han surgido movimientos por la justicia climática que se levantan en todo el mundo, les agradecemos por sumarse a esta lucha por la vida. Queremos compartirles que esta no es una lucha individual y no se resuelve con consumo verde; el colonialismo es directamente responsable de esta crisis, la historia de segregación y desarrollo muestra por qué nuestras comunidades sufren los efectos más graves de la catástrofe. Para hacerle frente a esta crisis debemos enfrentar juntes las desigualdades estructurales. Justicia climática es justicia para los pueblos.
  4. Somos pueblos que entendieron el cero mucho antes que occidente, observamos ciclos naturales para crear calendarios de la mayor exactitud, desarrollamos procesos de interdependencia y selección genética que dieron luz al sistema milpa, creamos infraestructura de riego que dió nacimiento a culturas y agriculturas, estructuras políticas y sociales que nos permiten co-existir con los territorios y tener las huellas de carbono más reducidas del continente. La herencia de Milpamérica es hoy el 75% de los alimentos que se consumen a diario en el mundo entero. Somos parte del conjunto de pueblos que resguardan el 80% de la biodiversidad restante del planeta. Somos soluciones vivas a la crisis climática.

No necesitamos viajes para colonizar el espacio, transición energética que destruye territorios, tecnologías verdes extractivas. Fueron hombres de barro, luego hombres de palo, ahora hombres de dinero. Con uno, dos, tres finales aprenderán a respetar. O su historia lineal dejará de ser.

Nuestros son los tiempos cíclicos, historias milenarias que vuelven a contarse, a reencontrarse, a conectarse, aprendimos de los errores que llevaron a la caída de grandes civilizaciones, tenemos ciencia ancestral para cultivar la diversidad, enseñanzas que defienden la vida. En Milpamérica sobrevivimos al ecocidio y al genocidio de 500 años, vamos a sobrevivir a la colonización de la atmósfera que llaman cambio climático. 

Para curar esta fiebre convocamos a todas las personas de todas las diversidades a sumarse a Milpamérica para alzarnos por la Madre Tierra. Hacemos ofrenda, encendemos esta palabra para el corazón del cielo y la tierra. Llegó el tiempo de renacer, tiempo de amanecer, despertar el sueño vivo de nuestras ancestras, llegó el tiempo de los futuros ancestrales.

Ante el mal tiempo juntar semillas,
sembrar mundos nuevos,
cosechar esperanza.

segunda

SEGUNDA – Las violencias están conectadas, son parte de un sistema económico y político que pone el dinero por encima de la vida. 

Milpamérica es una de las regiones del mundo más peligrosas para defender la vida. Esto nos provoca rabia y dolor. Si encendemos una candela por cada ancestra sembrada antes de tiempo por la violencia del extractivismo el fuego consumiría ciudades enteras.

El año pasado más de 200 defensoras de la tierra fueron asesinadas en el mundo. La mitad de los casos registrados ocurrieron en Milpamérica. Estas muertes no son accidentes, son conflictos por la tierra, imposición de minería, industrias y agroindustrias contaminantes, explotación forestal, capitalismo verde, hidroeléctricas, eólicas, megaproyectos y otros saqueos que arrancan la vida a sangre fría de nuestras hermanas, hermanos y hermanes.

Genocidio: encendemos candelas por las muertes de hambre y desnutrición, por las pandemias, desplazamientos forzados, inundaciones, incendios, enfermedades curables, políticas de muerte, guerras de los ejércitos contra los pueblos; pobreza impuesta por la industria de cuerpos desechables. Nuestro territorio ha sido declarado por los administradores de la muerte como una zona de sacrificio, una gran fosa común, un cementerio sobre el cual pavimentan las grandes avenidas del progreso y el desarrollo.

Ecocidio: encendemos candelas por nuestras hermanas extintas: ranas, roedores, delfines, tortugas, aves, caracoles, cabras salvajes, jaguares y especies que en el último año dejaron de existir por la pérdida de sus hábitats, por la contaminación y la introducción de especies invasoras, por la urbanización y el consumo excesivo. 150 especies se extinguen cada día y en los últimos 50 años la población animal disminuyó en un 94% en nuestra región. La 6ta extinción masiva fue causada porque unos ricos se divierten jugando a la guerra.  

Terricidio: encendemos candelas y barricadas por nuestros territorios – cuerpos – espíritus. Los planes de despojo de los gobiernos y corporaciones tienen muchos nombres: Plan Puebla Panamá, Zonas Económicas Especiales, Tratados de Libre Comercio, Corredores Interoceánicos, Guerras contra el Narcotráfico, Transición Energética. Las siglas cambian pero la lógica es la misma, crecimiento económico y acumulación para los ricos, pagado con ecocidio y genocidio en nuestros pueblos. 

Ser del primer mundo requiere 5 planetas tierra para saciar el consumismo que llaman sueño americano. Y aunque nuestros pueblos emiten el menor porcentaje de gases de efecto invernadero (GEI), los índices de cambio climático colocan a Milpamérica entre las regiones más afectadas por los efectos de la crisis climática. Las violencias que enfrentamos están conectadas, son los cables de una la máquina de exterminio que pone el dinero por encima de la vida. Esa injusticia se llama capitalismo.

Duele el cielo, 
Duele la tierra,
Arde la casa común.

tercera

TERCERA – Diagnosticar la enfermedad, la crisis climática es consecuencia de las desigualdades estructurales que tienen origen colonial.

La fiebre de la crisis climática es síntoma de una enfermedad que desembarcó en nuestros territorios hace más de 500 años. Podemos identificar esta enfermedad cuando las personas se desvinculan de la red de la vida, cuando dejan de agradecerle a lo sagrado, a la tierra que nos sostiene, nos da alimento, medicina, salud y dignidad. Es la enfermedad de quienes perdieron su espíritu y olvidaron el respeto por la vida.

Con la llegada de los colonizadores, más de 56 millones de personas fueron exterminadas en Abya Yala. Más de 15 millones de vidas fueron esclavizadas, vendidas y sustraídas de África como si fueran mercancías. Reemplazaron selvas y bosques con monocultivo, hincharon las grandes metrópolis. Saquearon cerros enteros, se llevaron tanto oro, plata y piedras preciosas que sus barcos se hundían a la mitad del Atlántico, como hoy se hunden sus ciudades por el aumento del nivel del mar.

Los herederos de estas fortunas amasadas con pólvora y sangre, crearon narrativas, Estados, fronteras y ejércitos para institucionalizar la desigualdad. Racismo, clasismo, colonialismo, capitalismo, patriarcado, las mismas familias siguen enriqueciéndose con el exterminio de Milpamérica; hoy son dueños de corporaciones internacionales, presidentes, políticos, dirigen mecanismos multinacionales. Ahora visten un traje verde y nos vienen a vender soluciones a los problemas que ellos mismos provocan. 

Ante la inminente catástrofe global, los nuevos colonizadores buscan formas de mantener sus privilegios. Llevan 26 Conferencias de las Partes fingiendo que van a solucionar el problema con Mercados de Carbono, Objetivos de Desarrollo Sustentable, Tratados de París, Ceros Netos. Han presentado el crecimiento verde como la única solución a pesar de que sus mismos científicos han descartado los modelos que dependen del consumo infinito. Desde 1992 a la fecha, las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) se han incrementado en un 65%. No hay reducciones, solo compensaciones para seguir contaminando.

Los Ajq’ijab’ K’iche nos recuerdan: ¿son enfermedades o consecuencias? Un diagnóstico holístico de la fiebre climática nos muestra lo obvio: no se puede curar un padecimiento que lleva 500 años en nuestros territorios con bonos de carbono, con hidroeléctricas que secan los ríos, con autos eléctricos que requieren minería. Las soluciones deben cuestionar el modelo de crecimiento económico y la acumulación. Deben hacer frente a los sistemas de desigualdad y curar la herida colonial.

Podemos seguir esperando que los gobiernos y las corporaciones se juzguen a sí mismos y solucionen esta crisis, pero sería una condena al exterminio. ¿De qué sirve el dinero para “reparar», “financiar” y “adaptar”, si no detenemos la guerra contra los pueblos y la Madre Tierra? 

Veneno no es medicina,
Nuestros saberes son río, 
que alivia la fiebre.

Cuarta

CUARTA – Soluciones vivas y organizadas, para recuperar nuestra conexión entre biomas y luchas en defensa de la tierra. Somos ciclos de siembra, fiesta y resistencia.

Somos sierras, cordilleras, valles, bosques, ríos, golfos, costas y mares, altas cumbres nevadas con fuego en su interior, lagos de agua dulce, cenotes, selvas, pantanos y manglares. Somos territorios vivos, con raíces tan profundas que llegan a las estrellas. 

Somos familias de lenguas, idiomas, cantos, sueños, tejidos, historias, somos múltiples formas de organizar la vida, de sembrar justicia, somos música y poesía, diversidades sexuales, somos tecnologías ancestrales y presentes tan complejos como contradictorios. Nos arrancaron el pasado pero nunca la memoria. Somos internet liberada, huerta urbana y raíz que rompe cemento.

Reconocemos nuestras luchas como parte de un ciclo de vida. Algunas somos zurco en la tierra, otras trece semillas, la caña que busca el sol, el frijol que nutre la tierra, otras somos polinizadoras, quelite salvaje, mazorcas de colores, muchas lluviamos largo y tendido, somos manos que cosechan, cruz de pericón, tortilla recién hecha, fiesta de pueblo, música de banda, marimba, tambores y son, una noche larga y estrellada para seguir bailando en la alborada. Cada una de nosotras se reconoce a través de sus diferencias, pero sabemos que no existimos sin las demás.

Por eso nos organizamos como micorrizas, aprendimos de las redes y raíces a evitar centralizar, individuas que en comunidad nos sanamos, con fuego, rezos y plantas, a través de Milpamérica nos entrelazamos. Somos pueblos cuya vinculación profunda con la tierra no reconoce fronteras, aunque a veces también somos conflictos y luego su resolución en asamblea. 

Aquello que la lengua colonial sólo puede nombrar como indígena, somos en realidad toda nuestra diversidad que el colonialismo y el capitalismo no han podido devorar. Sembramos múltiples futuros donde sanamos nuestra ancestralidad para habitar nuestros territorios con dignidad. Para que florezca la vida de las 40 naciones de Milpamérica.

Aquello que los científicos del mundo entero han declarado como emergencia climática, es la advertencia que nuestras abuelas y abuelos hicieron hace cientos de años. Esta crisis ambiental, social, política, económica y espiritual que hoy amenaza todos los rincones del planeta, sólo podemos hacerle frente organizadas entre aquellas que reivindicamos la naturaleza como condición de existencia. 

El futuro es un territorio,
A defender,
A florecer.

quinta

QUINTA – Cura de la tierra y re-encantamiento de los corazones. Cuerpo – territorio – espíritu como tejido que nos conecta con la red de la vida.

Ante el mal tiempo, la justicia se siembra, cuida y cosecha. Es trabajo colectivo entre los pueblos que resisten y las personas que hacen frente al exterminio. Es cura de la tierra.

Justicia climática para los pueblos es detener el ecocidio y genocidio presentes, defender a quienes cuidan los territorios, recuperar la tierra robada, reivindicar la ciencia ancestral, sembrar milpa, volver a los tiempos cíclicos, celebrar la vida, organizar la fiesta en el barrio y en la comunidad, solidaridad con las personas desplazadas, crear nuestros propios medios, redistribuir los alimentos, sembrar bosques, defender los colores de nuestra diversidad, fortalecer las autonomías, imaginar economías solidarias, decidir sobre nuestro territorio, negarse al capitalismo verde, apagar al petróleo, encontrar a nuestros desaparecidos, detener la militarización, descarrilar los megaproyectos, frenar la mina, anular las concesiones, cerrar la refresquera, liberar los ríos, alzarse por la Madre Tierra. La justicia de los pueblos, es justicia climática.

Esta es nuestra lucha-melodía, nuestras lenguas son cantos que se entrelazan, que resuenan más allá de las fronteras. No perseguimos la unidad, más un sinfín de formas de organizar y reproducir la vida. Hacemos frente a las desigualdades estructurales y a los sistemas de opresión. Aprendemos de la milpa nuestra diversidad, interdependencia, los ciclos de la tierra. Curamos el cuerpo – territorio – espíritu porque es el hilo que nos teje con la red de la vida.

Hay agua, alimentos y tierra suficientes para que todas las personas y vidas existan dignamente en este territorio llamado Milpamérica, en esta casa común llamada Tierra. Estamos a tiempo para regenerar los sistemas de vida a los que está vinculado nuestro porvenir. Pero el cambio debe ser de raíz. Porque después de cada crisis no queremos volver a la normalidad, queremos volver a la tierra. 

Convocamos:

  • A los pueblos en resistencia de Milpamérica, a reinterpretar esta declaración desde sus saberes para tejer un territorio más allá de las fronteras.
  • A las personas de todas las diversidades, a suscribir esta declaración y sumarse a las resistencias en defensa de la vida y el territorio.
  • Al movimiento por la justicia climática, a crear espacios de reflexión, organización y acción climática sin intermediarios para poner al centro las soluciones vivas.
  • A otros territorios, a organizarnos para quebrar las desigualdades estructurales, fortalecer las autonomías y sembrar narrativas en defensa de la vida.

La lucha por la madre tierra,
es la madre de todas las luchas.

#MilpaméricaResiste
12 de Octubre 2022

Firma la Declaración Milpamérica Resiste

Boletín #MilpaméricaResiste

11 + 6 =

Lab de Hackeo Cultural

Como parte del laboratorio narrativo #MilpaméricaResiste, defensoras y defensores del territorio de México, Guatemala, Honduras y El Salvador co-creamos acciones de comunicación para sembrar narrativas en defensa de la vida y del territorio. Conócelas y súmate.

Curamos La Fiebre

Sanamos con nuestro territorio curando la fiebre de la madre tierra, mucho antes de que intentaran inventar máquinas para “salvarla”. Con la milpa, el cuidado del río, de nuestras lenguas, de nuestras semillas, recuperando nuestra identidad #CuramosLaFiebre.

Somos pueblos ancestrales, somos vida y territorio, nuestros saberes son agua que apaga la fiebre de la madre tierra.

 

Tierrita Caliente

Para curar la fiebre, exploramos ¿cuáles son los colores de nuestra diversidad si nuestra piel es color tierra? Desnudamos sin pudor la sensualidad de de nuestras cuerpas - territorias - espíritus... pero también cómo aliviar la fiebre de la Madre Tierra. Ante el monocultivo de ideas, resistencia epistémica.

Resistencia Ancestral

Las soluciones ante la crisis actual están en los pueblos quienes dignificamos la tierra. Ante la voracidad de las empresas extractivas que acumulan riqueza a costa de la precarización de la vida, los pueblos creamos mundos autónomos con respeto y los conocimientos de nuestros ancestros.

Mi Tierra Mi Lucha

Por más de 500 años los pueblos indígenas, afro y diaspóricas somos resguardo, protección y solución a la crisis climática.  La naturaleza tiene capacidad de mantenerse a sí misma, de regenerarse y cuidarse, ella nos ayuda a vivir, los pueblos reconocemos esa reciprocidad de vida. Eso que ellos quieren llamar desarrollo, que crean a través de megaproyectos de infraestructura, es en realidad nuestra vida digna en peligro, forjada en las relaciones antipatriarcales que hemos aprendido de nuestra ancestralidad.

Ilustraciones en colaboración con Xaacto Navaja.

Laboratorio Narrativo y producción cultural por #HackeoCultural

Mezcla y producción musical por Gato Cósmico

Todo el contenido es Creativos Comunes para su libre difusión.